domingo, 5 de julio de 2009

Responsabilidad y compromiso


Eramos niños cuando irrumpió en nuestro país el peronismo. Yo tenía 10 años cuando murió Evita.

Lloramos junto a nuestros padres el inicio de la violencia brutal cuando fueron bombardeados los obreros en la Plaza de Mayo en junio, arrasado el pueblo en septiembre y fusilados Valle y sus seguidores algunos meses después.

Todavía no habíamos llegado a ser jóvenes cuando fue derrocado Perón y conocimos el comienzo de la cultura de la represión. La represión no apuntó solamente a los peronistas, poco a poco fue incluyendo a todo aquel que profesara ideas o sentimientos populares.

Durante el secundario debimos soportar la discriminación. Siempre rondabamos las 20 amonestaciones por nombrar a Perón y por negarnos a llamarlo el "tirano prófugo".

Así nos fueron educando.

En el país se sucedían gobiernos y crecía el clima de violencia: golpes entre fracciones militares; enfrentamientos sangrientos entre militares y policías o entre policías provinciales y federales; la clase trabajadora reprimida, sus líderes perseguidos o aniquilados; el partido peronista, claramente mayoritario, proscripto; la juventud, sin ningún canal de participación, veía como los dueños circunstanciales del poder pugnaban por mantenerse. Veíamos también como algunos dirigentes negociaban prebendas a espaldas de la militancia.

Así estaban las cosas cuando comenzamos la universidad.

El gobierno de Don Arturo Illia, aunque ilegítimo por estar el peronismo proscripto, fue un corto veranito de libertades civiles. Duró poco. El golpe comandado por Onganía y sus sucesores ratificó la política de persecución ideológica y comenzó una etapa superior en cuanto a represión y persecución de los liderazgos populares.

Las luchas obreras y estudiantiles comenzaron a tener continuidad.

El comienzo de la violencia que caracterizaron a los años 60' y 70' no fue producto de una estrategia ideológica. En sus expresiones mayoritarias, fue la respuesta de una generación cansada de gritar en las calles, de vivir la política en diversas formas de clandestinidad.

A partir de allí conocimos la cárcel, la tortura, el exilio. Algunos, muchos, la muerte.

El golpe militar de 1976 inauguró en estas latitudes la teoría de la eliminación masiva del adversario: el objetivo fue terminar con todos los que pensaban diferente y destruir todos los instrumentos culturales de aquellas generaciones sublevadas.

No lo consiguieron por completo. De hecho, aqui estamos algunos sobrevivientes.

Pero si lograron, vía terror, vaciar de contenidos políticos e ideológicos a las generaciones siguientes. Ese hueco generacional se manifiesta todavía en todas las actividades, particularmente en la política.

Durante todos esos largos años (casi cincuenta), el movimiento peronista tuvo dirigentes luchadores y dignos y tuvo también burócratas dispuestos a tranzar con cualquiera con tal de obtener privilegios.

Observamos que desde el 83' al presente las sucesivas dirigencias han ido quitándoles contenido a las banderas históricas y desmovilizando y desorganizando al pueblo.

Así llegamos al presente, inmersos en una gran confusión, y viendo como algunos autoproclamados caciques reparten el poder entre amigos y familiares, esquivando asumir compromisos profundos con el pueblo que los vota, tratando de ganar apoyo con discursos pueriles, carentes de contenido ideológico, cada vez más cercanos a la farándula y a la superficialidad.

Las pasadas elecciones han generado una posibilidad trascendente: renovar a la clase dirigente de nuestro movimiento.

Debemos impedir que nuevamente elijan a dedo entre tios, primos o hermanos.

Debemos identificar a compañeros capaces y honestos y darles todo nuestro apoyo en las elecciones internas.

Debemos construir ese apoyo.

Debemos movilizar y movilizarnos.

Debemos afiliarnos masivamente al Partido y exigir internas en todos los niveles.

Debemos levantar nuevamente nuestras banderas históricas: independencia económica, justicia social y soberanía política.

Debemos asumir que el principal compromiso del movimiento peronista es luchar por la causa de los humildes en todos los rincones del país.

Debemos difundir y pregonar la causa justicialista, sin prejuicios ideológicos. Debemos compartir luchas y objetivos con todo aquel que asuma como suya la causa nacional y popular.

Debemos utilizar este poderoso medio comunicacional y recomendar lecturas para que las nuevas generaciones construyan su propia perspectiva de la historia y del futuro.

Esa es la tarea inmediata que tenemos por delante.

1 comentario:

  1. Muy buena iniciativa.
    Espero que esto sea un aporte que contribuya a fomentar un peronísmo auténticamente peronista.
    Existos

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