EL TEMA SOCIAL
El enorme desequilibrio social, económico, cultural, que existe en nuestro país, merece algunas reflexiones, como para comenzar a discutirlo.
1) No se trata tan solo de un problema de distribución de la riqueza. Ese es uno de los principales componentes. Y no es fácil de resolver. Hasta el presente no se han podido superar las políticas de subsidios. Que son totalmente aceptables pensadas como una solución transitoria. Muchos dirigentes políticos incluyen en sus discursos la promesa o desafío de generar gran cantidad de “puestos de trabajo”, concebidos en un imaginario proceso de instalación de “grandes fábricas”, como las hubo en el pasado. Todo eso es imaginario. En la era post industrial no existe esa salida. Posiblemente sea un proyecto mucho más serio y realista promover la diversificación productiva, basada en las fortalezas regionales. Esto puede lograrse con políticas activas del estado sostenidas por varios años. Este “modelo de desarrollo” tiene además muchas ventajas complementarias, una de las principales: evitar el éxodo interno hacia las grandes ciudades.
Algunos de los que participamos en esta acción política estamos tratando de impulsar también una Asociación Civil: el Grupo Regiones, como un instrumento técnico para promover el desarrollo y la diversificación productiva regional.
Volviendo al tema del “empleo”, creo que vale la pena iniciar un análisis o estudio sobre, por ejemplo, cuales son las competencias que debieran lograr los sectores actualmente marginados para acceder a las nuevas posibilidades de trabajo que propone el actual sistema productivo de bienes y servicios. Ese estudio puede conducirnos a la posibilidad de hacer “algo directo”, para colaborar con esos sectores.
2) Una reflexión ideológica (doctrinaria, decimos los peronistas) que debemos hacer sobre el “tema social”. La economía neoliberal “nos acostumbró” a la idea de que la pobreza es necesariamente estructural, como producto de la transformación económica de la sociedad post industrial. Algo así como que la sociedad se divide –en principio- en dos grandes grupos: los que pueden integrarse y los marginados. Los primeros mantienen la ilusión del ascenso vía competencia, los segundos, van integrando –sin posibilidades- el submundo marginal. Nosotros, integrantes clásicos de la clase media con acceso a la educación, fuimos perdiendo el sentido solidario que poseíamos cuando la división de clases era entre categorías más cercanas. Nos fuimos alejando de los pobres. Fuimos aprendiendo a no verlos. O, en últimas, a aceptarlo como un problema insalvable.
Es decir: nos convencieron. La lucha por nuestra propia subsistencia nos distrajo totalmente sobre ese problema tremendo que hoy abarca un porcentaje no menor al 30% de nuestra sociedad.
Desde nuestra condición de peronistas (justicialistas), debemos sobreponernos a esas actitudes individualistas y comenzar por tomar conciencia del problema, para luego pasar a la búsqueda de caminos de comunicación primero, y de acción solidaria después. Cada día se hará más difícil recuperar el sentido de la solidaridad. No faltan pregoneros que tomando como ejemplo temas como la inseguridad, la violencia, o la droga, proponen mecanismos para aumentar la segmentación social, para separar aún más a esos dos grandes universos. Los barrios cerrados, los countries, los clubes privados se multiplican como verdaderas ciudades feudales. Hay quienes proponen “armarse” para defenderse. Verdaderas murallas medievales.
La Doctrina Justicialista propone lo contrario: el acercamiento de las clases sociales. La integración mediante culturas abiertas al diálogo. Con distancias socioeconómicas mucho menores a las actuales.
Los militantes peronistas debemos recuperar esas conductas que nos caracterizaron en el pasado. No es una empresa fácil. Pero es indispensable para construir una sociedad mas justa , más digna.
Esta ruptura de la sociedad es una de las mayores causas de la inseguridad y de la violencia que escandalizan a los sectores altos y medios.
3) Algunas Acciones: En primer término me parece que debemos situar una “lucha cultural” dentro del movimiento. Exigir a nuestros representantes que asuman un discurso acorde a las pautas doctrinarias expuestas. El actual discurso repite hasta el cansancio conceptos vinculados al crecimiento económico; a las inversiones de capital que llegan o no llegan; a las políticas de apoyo a las PyMES; a la educación (en abstracto); etc. Pero soslayan la cuestión social profunda, la tratan superficialmente. No basta decir que hay que redistribuir la riqueza: hay que diseñar mecanismos para hacerlo. Debemos también iniciar una campaña de concientización social, que apunte al acercamiento y a la integración. Debemos hablar con nuestros hijos y con los amigos de nuestros hijos; con los vecinos; en todas partes contraatacar el discurso reaccionario. Actuar con esas consignas a través de los medios de comunicación; invitar a que se expresen los intelectuales, los funcionarios., en fin, dar batalla.
Mientras tanto debemos alaborar ideas y acciones concretas.
EL TEMA ESTA ABIERTO.
El enorme desequilibrio social, económico, cultural, que existe en nuestro país, merece algunas reflexiones, como para comenzar a discutirlo.
1) No se trata tan solo de un problema de distribución de la riqueza. Ese es uno de los principales componentes. Y no es fácil de resolver. Hasta el presente no se han podido superar las políticas de subsidios. Que son totalmente aceptables pensadas como una solución transitoria. Muchos dirigentes políticos incluyen en sus discursos la promesa o desafío de generar gran cantidad de “puestos de trabajo”, concebidos en un imaginario proceso de instalación de “grandes fábricas”, como las hubo en el pasado. Todo eso es imaginario. En la era post industrial no existe esa salida. Posiblemente sea un proyecto mucho más serio y realista promover la diversificación productiva, basada en las fortalezas regionales. Esto puede lograrse con políticas activas del estado sostenidas por varios años. Este “modelo de desarrollo” tiene además muchas ventajas complementarias, una de las principales: evitar el éxodo interno hacia las grandes ciudades.
Algunos de los que participamos en esta acción política estamos tratando de impulsar también una Asociación Civil: el Grupo Regiones, como un instrumento técnico para promover el desarrollo y la diversificación productiva regional.
Volviendo al tema del “empleo”, creo que vale la pena iniciar un análisis o estudio sobre, por ejemplo, cuales son las competencias que debieran lograr los sectores actualmente marginados para acceder a las nuevas posibilidades de trabajo que propone el actual sistema productivo de bienes y servicios. Ese estudio puede conducirnos a la posibilidad de hacer “algo directo”, para colaborar con esos sectores.
2) Una reflexión ideológica (doctrinaria, decimos los peronistas) que debemos hacer sobre el “tema social”. La economía neoliberal “nos acostumbró” a la idea de que la pobreza es necesariamente estructural, como producto de la transformación económica de la sociedad post industrial. Algo así como que la sociedad se divide –en principio- en dos grandes grupos: los que pueden integrarse y los marginados. Los primeros mantienen la ilusión del ascenso vía competencia, los segundos, van integrando –sin posibilidades- el submundo marginal. Nosotros, integrantes clásicos de la clase media con acceso a la educación, fuimos perdiendo el sentido solidario que poseíamos cuando la división de clases era entre categorías más cercanas. Nos fuimos alejando de los pobres. Fuimos aprendiendo a no verlos. O, en últimas, a aceptarlo como un problema insalvable.
Es decir: nos convencieron. La lucha por nuestra propia subsistencia nos distrajo totalmente sobre ese problema tremendo que hoy abarca un porcentaje no menor al 30% de nuestra sociedad.
Desde nuestra condición de peronistas (justicialistas), debemos sobreponernos a esas actitudes individualistas y comenzar por tomar conciencia del problema, para luego pasar a la búsqueda de caminos de comunicación primero, y de acción solidaria después. Cada día se hará más difícil recuperar el sentido de la solidaridad. No faltan pregoneros que tomando como ejemplo temas como la inseguridad, la violencia, o la droga, proponen mecanismos para aumentar la segmentación social, para separar aún más a esos dos grandes universos. Los barrios cerrados, los countries, los clubes privados se multiplican como verdaderas ciudades feudales. Hay quienes proponen “armarse” para defenderse. Verdaderas murallas medievales.
La Doctrina Justicialista propone lo contrario: el acercamiento de las clases sociales. La integración mediante culturas abiertas al diálogo. Con distancias socioeconómicas mucho menores a las actuales.
Los militantes peronistas debemos recuperar esas conductas que nos caracterizaron en el pasado. No es una empresa fácil. Pero es indispensable para construir una sociedad mas justa , más digna.
Esta ruptura de la sociedad es una de las mayores causas de la inseguridad y de la violencia que escandalizan a los sectores altos y medios.
3) Algunas Acciones: En primer término me parece que debemos situar una “lucha cultural” dentro del movimiento. Exigir a nuestros representantes que asuman un discurso acorde a las pautas doctrinarias expuestas. El actual discurso repite hasta el cansancio conceptos vinculados al crecimiento económico; a las inversiones de capital que llegan o no llegan; a las políticas de apoyo a las PyMES; a la educación (en abstracto); etc. Pero soslayan la cuestión social profunda, la tratan superficialmente. No basta decir que hay que redistribuir la riqueza: hay que diseñar mecanismos para hacerlo. Debemos también iniciar una campaña de concientización social, que apunte al acercamiento y a la integración. Debemos hablar con nuestros hijos y con los amigos de nuestros hijos; con los vecinos; en todas partes contraatacar el discurso reaccionario. Actuar con esas consignas a través de los medios de comunicación; invitar a que se expresen los intelectuales, los funcionarios., en fin, dar batalla.
Mientras tanto debemos alaborar ideas y acciones concretas.
EL TEMA ESTA ABIERTO.
Carlos Debandi
Prueba
ResponderEliminarMe pareció muy oportuna la frase inicial de la nota porque busca llamar la atención sobre el "enorme desequilibrio social económico y cultural". Y es necesario llamar la atención e insistir sobre esto, pues en las grandes ciudades sus habitantes viven cotidianamente ajenos a esa realidad que solo los toca cuando perciben que pueden ser victimas de algún delito (la inseguridad)
ResponderEliminarY como se dice en punto 2 de la nota: “Nos fuimos alejando de los pobres. Fuimos aprendiendo a no verlos. O, en últimas, a aceptarlo como un problema insalvable” Son frases que resumen en forma excelente lo que pasa. Prometo mandar algo que he escrito este año al respecto. He decidido no aceptar modelos o propuestas que acepten que en Argentina la pobreza estructural es un problema insavable.
Les cuento una anécdota que me recordó el punto 1 de la nota cuando se menciona un modelo de desarrollo que evite el éxodo interno hacia las grandes ciudades: yo operaba un programa en la Sec de empleo de Nación 2000/01 que orientaba planes sociales hacia proyectos productivos, e intentaba orientar los recursos (solo teníamos los pocos millones que Cavallo asignaba para esto), hacia proyectos creíbles especialmente si eran de poblaciones alejadas de los grandes centros urbanos…¡Me querían matar! Claro…toda la guita debía ir a contención social de los grandes centros ¡y yo se la asignaba a los que no hacen piquetes…! yo me defendía diciendo que si no se las daba, en pocos días esa gente iba a migrar a la ciudad… Lo cuento para también para dar una idea de que cuando los radicales gobiernan tienen poca idea de todo, solo pude seguir haciéndolo porque la parte del frepaso que estaba en el gobierno lo entendía y me lo permitió. Estoy seguro que si los recursos hubieran sido de impacto me hubieran sacado a patadas para seguir fortaleciendo el clientelismo improductivo.
Otro acierto en este punto de la nota es preguntarse cuales son las competencias que debieran lograr los sectores actualmente marginados para acceder a las nuevas posibilidades de trabajo que propone el actual sistema productivo
Sobre el punto 3: hay que hacerlo… Muchos podemos aportar… si no es por amor o solidaridad con el prójimo, que sea por propio bien, porque como dijo el general “nadie se realiza en un país que no se realiza”